Historia de la imprenta

A lo largo de los siglos, la humanidad ha realizado una gran cantidad de inventos de gran importancia, algunos de los cuales han tenido una influencia muy profunda en el desarrollo de la sociedad, hasta el punto de que seguramente sin ellos la vida sería muy diferente a la que conocemos actualmente. Tal es el caso de la imprenta.

Efectivamente, es muy difícil concebir la sociedad actual sin la existencia de la imprenta, cuya influencia e importancia no sólo no se han ido disipando con el transcurrir de los años sino que, por el contrario, han ido aumentando cada vez más.

Orígenes de la imprenta

La Biblia de Gutenberg, primer libro tipográfico del mundo

Los orígenes de la imprenta los encontramos en China, de donde procede el material impreso más antiguo que se conoce. Se trata de una impresión sobre papel, que se supone se hizo con planchas delgadas de metal o con bloques de madera. La impresión se llevó a cabo en un amuleto budista, y data del año 768. Realizada bajo el mandato de la emperatriz Shotoku, se editaron más de un millón de ejemplares.

En cuanto a la impresión de libros, tuvimos que esperar aún otros cien años, momento en el que se publican una parte de las escrituras budistas. Se trata de “Sutra del Diamante”, cuyo autor es Wan Chien. El formato de dicho libro, el más antiguo del mundo, consistía en un rollo de unos 5 metros, que estaba compuesto por 7 hojas unidas entre sí por las puntas. Fue descubierto en el año 1907, en el noroeste de China, por el arqueólogo Aurel Stein.

El sistema que se empleaba para imprimir en dicha época era parecido al de los sellos de hoy en día. Es decir, que consistía en reproducir los caracteres que se querían imprimir en una plancha, de tal manera que sobresalieran, echando seguidamente tinta sobre la misma y poniendo la hoja de papel encima.

Algo más tarde se empezó a usar en China otro sistema con el cual las impresiones se llevaban a cabo de manera más rápida, y que consistía en esculpir cada signo en un trozo de madera, de tal manera que sobresaliera del mismo. Los diferentes signos se combinaban entre sí, formando las palabras. Pese a ser más rápido, era un método que resultaba muy complejo debido al gran número de signos que forman la escritura china.

Hacia la Edad Media muchos libros de los que se distribuían eran copiados a mano por frailes y monjes, dándose el curioso caso de que incluso muchos de ellos copiaban en el más estricto sentido de la palabra, ya que no todos sabían leer y escribir.

Johannes Gutenberg, inventor de la imprenta actual

Sin embargo, pese a todo lo expuesto y a todos los antecedentes que han existido, al hablar de la aparición de la imprenta se suele pensar en el siglo XV, ya que se trata de un hecho que se relaciona con  Johannes Gutenberg, considerado el inventor de la imprenta actual.

Johannes Gutenberg, cuyo verdadero nombre era Friele Gensfleisch, vino al mundo en la ciudad de Maguncia, en Alemania, en el año 1400. Nació en el seno de una familia noble, y sus primeros pasos en el mundo laboral tuvieron lugar en la orfebrería.

Junto con su familia se trasladó a vivir a Estrasburgo, ciudad en la que creó una empresa de grabados en madera, algo que fue vital no sólo para su futuro sino también para el de toda la humanidad, ya que posiblemente si este hecho no se hubiera producido Gutenberg jamás hubiera inventado la imprenta.

Método de Gutenberg: los signos móviles

El hecho de que anteriormente existieran ya antecedentes de impresión, pese a la rusticidad de los métodos empleados, hacen que mucho estudiosos del tema no atribuyan a Gutenberg la invención de la imprenta. Algunos también afirman que, aunque el alemán no inventó nada, su genialidad le permitió reunir los diversos sistemas de impresión que habían tenido lugar a lo largo de la historia, añadiendo las letras móviles. Con todo ello, creó un artefacto mecánico completamente capaz de reproducir textos escritos, perfeccionando de esta manera la imprenta.

Con el método de Gutenberg, basado en signos móviles, las letras se fundían en metal, cada una por separado, y se colocaban en bastidores de madera formando palabras. Seguidamente se echaba tinta y se apretaba el papel contra las letras.

Primer libro tipográfico. La Biblia de Gutenberg

En el año 1456 se publica el primer libro tipográfico del mundo, o, lo que es lo mimo, el primer libro hecho en una imprenta tal como la concebimos actualmente, “El Misal de Constanza”. Se trata de una edición de La Biblia, que hoy en día se encuentra en la Biblioteca Nacional de Austria, y que es conocida popularmente como la “Biblia de Gutenberg”.

Para llevar a cabo la impresión de esta Biblia, Gutenberg se asoció con otro importante editor alemán, Johann Fust, el cual le prestó el dinero necesario para llevar a cabo el proyecto. Esta asociación, sin embargo, no duró mucho, ya que Gutenberg no tenía solvencia económica y no consiguió reunir el dinero necesario para devolver el préstamo a Fust, lo cual provocó, entre otras consecuencias, la disolución de la sociedad.

Expansión de la imprenta y sus consecuencias

La imprenta tuvo una rápida expansión, a lo cual ayudó la época de prosperidad propia del Renacimiento. Se instalaron imprentas en Inglaterra, Francia, Holanda, España, Hungría, Suecia, Rusia, y muchos otros, incluida Norteamérica. De hecho, se calcula que al empezar el siglo XVI existían unas 1700 imprentas, repartidas por más de 300 ciudades, las cuales habían ya impreso unas 40.000 ediciones, con un total de unos 20 millones de ejemplares.

La expansión de la imprenta hizo que los hombres se implicaran más en las grandes cuestiones de su tiempo, y significó también un gran desarrollo de la educación, que hasta antes de este importante invento estaba sólo, prácticamente, en manos del clero.

Las altas jerarquías, tanto de la Iglesia como de la nobleza, se dieron cuenta enseguida del gran poder que tenía el nuevo invento, y de la facilidad con que podía influir y difundir ideas entre las personas.

Según palabras del historiador británico Thomas Carlyle, la imprenta se había convertido ya en uno de los “tres grandes elementos de la civilización moderna”, después de la pólvora y de la civilización protestante.

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